El
convento de Santa Inés de
Sevilla, situado en la céntrica Calle Doña María Coronel de esta ciudad, lo funda en el año
1374 una dama de ilustre familia sevillana,
doña María Coronel, viuda de don
Juan de la Cerda.
Esta fundación la lleva a cabo en el solar del palacio familiar de su
padre, el señor de Aguilar, al que luego añadieron algunas casas
contiguas, como la de Juan Rodríguez Tello, sobre la que posteriormente
se levantaría la iglesia. Un total de cuarenta mujeres ingresaron en
este convento en el momento de su fundación
Contexto histórico
Puerta de estilo mudéjar.
La fundación de este convento de debe a
doña María Coronel. Esta era la hija menor de cuatro hermanos, hija de Alonso Fernández Coronel, que disfrutaba de los favores del rey
Alfonso XI. Se casa con don
Juan de la Cerda, y su patrimonio se engranda con el reinado de
Pedro I.
Pero debido a desajustes con el rey, su marido cae en desgracia y es
preso en nombre del rey, requisando sus bienes. María Coronel suplica al
rey el perdón de su marido y lo consigue, pero cuando llega esta a
Sevilla, su marido había muerto en la cárcel. Ella decide tomar el
hábito de las monjas clarisas del
Real Monasterio de Santa Clara
de Sevilla, pero el rey decide perseguirla, acosándola en amores, y
ella, para acabar con esa situación, se arroja aceite hirviendo a la
cara. Muerto Pedro I,
Enrique IIde Trastámara devuelve los bienes a
doña María Coronel
y esta decide fundar un convento de monjas de clausura. Tras pedir
permiso al Papa, al rey y al resto de autoridades, lo funda en el
antiguo palacio de sus padres. El convento era más grande que en la
actualidad. A mediados del siglo pasado, se tuvo que vender parte de las
huertas y de los almacenes por lo deteriorado que estaban partes de la
clausura. Hoy lo que se vendió pertenece al convento de las Hermanas de
las Cruz.
Descripción del convento
La entrada al convento se hace por la calle
doña María Coronel,
atravesando el compás se encuentran las viviendas de los porteros, la
logia de las puerta regular, el locutorio, el torno y la portada de la
iglesia.
La puerta regular tiene por delante una pequeña logia. Al
atravesarla nos encontramos con un pequeño vestíbulo y, a continuación,
con el patio del
obrador,
porticado en dos de sus frentes con doble arcada, al que se abren la
cocina, el obrador, el horno, almacenes, etc.; la clausura se organiza
alrededor de varios claustros y patios.
El patio de la Camarilla tiene forma rectangular, con una pila
de mármol blanco y tazón esbelto. El patio está formado por doble
galería de arcos peraltados en la planta baja y arcos rebajados en la
planta alta, mientras el cuarto lado posee arquería solo en la planta
baja. En la planta baja del patio se encuentra la cocina, la enferemeria
baja, y la sala de oración. En la planta alta están la mayoría de las
celdas de nueva factura.
El claustro principal o del herbolario, que aunque persisten reminiscencias del
gótico-mudéjar,
es de forma trapezoidal con arcos peraltados en la parte baja y
rebajados en la planta alta, soportados por esbeltas columnas con
acanto. Los cuatro lados de las dos galerías lo recorren balaustrada
formada por pequeñas columnas de mármol. En el centro del patio hay una
fuente recubierta de azulejos de tipo cuenca.
En la galería alta hay buenas e interesantes pinturas realizadas al
fresco, al estilo italiano, entre 1540 y 1550. En estos frescos aparecen
representados 32 escenas del
Antiguo Testamento alternadas con 75 santos y santas relacionados con la
Orden de Santa Clara, enmarcados en simuladas hornacinas y soportes de fingidas
ménsulas,
decoradas con 38 grutescos y coronadas con el escudo franciscano de las
cinco llagas sangrantes. Las escenas comienzan con la creación del
hombre y acaban con la alegoría de la Inmaculada Concepción.
En
el claustro del noviciado encontramos pinturas murales de
autor desconocido. También hay restos de pintura en el intradós de los
arcos y en la cenefa del zócalo de hacia 1545 de estilo renacentista de
la escuela sevillana.
A este claustro se abre
el refectorio, cubierto con un
artesonado de madera simulando casetones. Está presidido por una pintura
mural, de autor desconocido, que representa la
Última Cena, copia de la de
Leonardo da Vinci. Las demás pinturas que decoran esta sala son copias de
Murillo.
Sus muros están cubiertos por un azulejo de tipo cuenca. En el lateral
se encuentra el púlpito de rejería fechable en torno a 1600.
La sala de oraciones, que se utiliza como sala capitular, es
una estancia cuadrada, recorre sus muros un banco a lo largo de sus
muros revestidos con azulejos de cuenca del siglo XVI. Preside la sala
un retablo que presenta la
Sagrada Familia, atribuida al pintor
Domingo Martínez,
de siglo XVIII, a los pies de las tres figuras aparece una pareja de
ángeles que portan carteles con las palabras “Gloria in Etelsis Deo et
in Terra Paz Himinibus Bone Voluntatis”, por encima aparece la figura
del Espíritu Santo llevado por dos ángeles. A los lados, los escudos de
la orden franciscana y dominica, en los laterales, en dos cuerpos, hay
representaciones de los arcángeles
San Miguel,
San Rafael y
San Gabriel, y el
Ángel de la Guarda. Otra pintura importante es la de
San Juan Bautista con representaciones de algunas escenas de su vida.
Repartida a lo largo de los muros se encuentra una serie de vitrinas
donde se colocan imágenes barrocas de un crucificado, de la asunción de
la Virgen, de
San Francisco y de
Santa Clara. La pieza escultórica más importante es una imagen de la Titular del convento,
Santa Inés, atribuida a
Pedro Millán, realizada en torno a 1500. Del siglo XIX son un niño
Jesús y
San Antonio de Padua.
La sala de Profundis es un recinto cuadrado en forma de cubba, de origen islámico, parece ser resto de una pequeña
mezquita o zauia, de construcción probablemente anterior a la reconquista de la ciudad, cubierto por una
bóveda de diecisiete paños sobre trompas en los ángulos. Esta sala se utiliza como cementerio para las religiosas.
La puerta de entrada está decorada con finas yeserías mudéjares, copia de las que cubren el intradós del arco de la
Puerta del perdón de la Catedral, y los batientes de entrada están decorados con representaciones de
Santa Clara, de
San Francisco de Asís y representaciones heráldicas del siglo XVI.
Sus cuatro muros lo recorren un zócalo de precisos azulejos de estilo
cuenca del siglo XVI y el muro frontal está presidido por un
crucificado realizado por
Francisco de Ocampo, en 1630, y el fondo del dosel está pintado por
Domingo Martínez con una decoración de ángeles con carteles e incendiarios. Además encontramos pinturas de anagramas y escudos realizados por
Herrera el Viejo.
Varias vitrinas cobijan las imágenes de la Dolorosa,
Santa Rita y Jesús de la Humildad, todas del siglo XVIII. La más importante es la del “
Ecce Homo” que, según la tradición, un día de marzo de 1685 sudó sangre.
Otros elementos escultóricos interesantes son el de la Sagrada Cena,
de mediados del XIX. Es una escena anacrónica y desproporcionada tomando
pro
tagonismo los elementos secundarios y el grupo formado por los personajes que representan escenas de
Santa Clara, de gran calidad artística y pose teatral muy encontrada en el barroco sevillano.
Enfermería alta, donde encontramos el tríptico de la
Inmaculada.
De los noviciados antiguos solo se utiliza el espacio determinado a los
lavaderos que se abren a la antigua huerta. Del noviciado alto parte un
pasadizo que comunica la nave de los dormitorios con el claustro
principal.
Iglesia
Convento de Santa Inés. Iglesia
Se abre mediante una portada adintelada con frontón recto y partido
con ático y esbeltas pirámides en su remate de estilo manierista,
fechable en el primer tercio del siglo XVII. El interior no sigue los
esquemas de las iglesias conventuales sevillanas, de una sola nave de
cajón, sino que ésta es de planta basilical, de tres naves separadas por
pilares cruciformes. La nave central es más ancha que las laterales y
más larga, tanto por los pies como por el presbiterio, que se remata con
cabecera poligonal, que se abre con una bóveda de ojiva de ladrillos
soportada con nervaduras de espinazo.
En 1630 la iglesia fue restaurada por
Herrera el Viejo,
y de este momento son las yeserías y las pinturas del coro. Por encima
de la reja del coro aparece una pintura al fresco que representa un gran
escudo de la
Orden franciscana
rodeado de una laurea sujetado por una pareja de ángeles y a cada lado,
dos tarjas con un jarrón de azucenas y una custodia como símbolo de la
orden de Santa Clara. De
Herrera el Viejo son las cabezas de querubines que se representan a lo largo de la cornisa
a la altura de la imposta de los arcos y los dos ángeles que
sostienen los pilares del presbiterio. De la misma época son los
azulejos que lo rodean.
Sobre la reja que separa la iglesia del coro, cuelga un retablo de
doña María Coronel con una leyenda que dice: “
A
la comunidad del convento de Santa Inés dedica este retablo de su
ilustre fundadora y venerable prelada doña María Fernández Coronel
insigne ejemplo de fortaleza de ánimo, castidad y heroísmo cristiano.
J.D.B. Año MDCCCLVI”.
El retablo mayor de la iglesia fue realizado por
José Fernández y Francisco José de Medinilla, entre 1719 y 1748, de
estilo barroco,
separadas sus calles por elementos estructurales de estípites con
decoración de carnosos roleos vegetales. Lo preside la imagen de la
santa titular,
Santa Inés, realizada por
Francisco de Ocampo
hacia 1630. Esta imagen procede del antiguo retablo mayor desaparecido,
igual que las imágenes que se ubican en las calles laterales,
San Juan Bautista,
San Antonio de Padua,
San Juan Evangelista y
San Pascual Bailón, todas barrocas del XVII.
Sobre los pilares que determinan el segundo tramo de la nave central
se encuentran ubicadas dos imágenes en sendas hornacinas que cobijan una
a la
Inmaculada y la otra a
Santa Clara relacionadas ambas con la producción de Juan de Remesal y datadas en el primer tercio del siglo XVII.
En la cabecera de la nave de la derecha se encuentra un retablo
neoclásico con ángeles del siglo XVII que pertenecieron al desaparecido altar mayor. Está presidido este retablo por una imagen de
San Francisco de Asís de Juan de Bremesal que también perteneció al antiguo retablo. Del siglo XVIII es la imagen del
Ecce Homo colocada en el banco. A continuación, la imagen de
San José del XIX y al final de la nave está el retablo de
San Expedito, obra neoclásica y la imagen es del siglo XIX.
En la cabecera de la nave derecha se ubica el retablo de la
Virgen del Rosario,
cuyas pinturas de escuela flamenca, fueron realizadas en el primer
tercio del siglo XVI representando escenas de la vida de la Virgen. La
imagen titular es del siglo XVIII y en el banco aparece otra serie de
santos que son
San Pedro,
San Blas,
San Sebastián, la degollación de
San Juan Bautista y la misa de
San Gregorio.
A continuación hay una pequeña hornacina que la cierra una reja gótica,
en ella hay una urna con reliquias de los santos mártires de
Colonia.
En esta misma nave se encuentra un retablo
neoclásico dedicado a
San Blas. La imagen del santo, que denota su influencia manierista, fue realizada por
Juan de Mesa en 1617 y posteriormente ha sido restaurada.
A continuación encontramos la portada de la iglesia y al otro lado un
retablo construido con elementos arquitectónicos del siglo XVI como son
las tablas referentes a
San Juan Bautista y
San Jerónimo y del siglo XVII son las imágenes de
San Antonio de Padua y el
arcángel San Miguel.
Cerca de la reja del coro se ubica una sencilla urna, cuyas puertas
decoradas en 1770 con rocalla, ángeles, temas heráldicos y guirnaldas de
flores, donde está depositado el cuerpo incorrupto de
doña María Coronel que viste el hábito femenino de la
Orden franciscana de Santa Clara a la que pertenecía.
La sacristía está situada en el lado derecho del presbiterio
con un magnífico artesonado de casetones de estilo renacentista y las
paredes cubiertas por azulejos de tipo cuenca del siglo XVII. Está
presidida en el centro por el
Calvario, pintura mural de estilo manierista, en la izquierda se encuentra
San Francisco de Asís y en la derecha
san Antonio de Padua. El intradós del arco está decorado con
grutesco y con repintes tanto en óleo como en temple, de 1575.
El coro bajo está situado a los pies de la nave central.
Consta de tres tramos cubiertos con bóveda de crucería. La sillería es
de estilo renacentista con motivos platerescos y hechos con madera de
roble tallada a mediados del siglo XVI. El respaldo tiene decoración de
grutesco. El
facistol es de
estilo barroco en el que destaca la imagen de la
Inmaculada
en su remate. Presenta una tribuna sobre la reja que le separa de la
iglesia. Sus muros están decorados con motivos manieristas de gran
plasticidad, que fueron ejecutados por
Francisco de Herrera hacia 1630. Aparecen escudos heráldico de la familia Coronel, los escudos de la
Orden Franciscana, los anagramas de Jesús, María y en el centro el Cordero Místico, entre ellos, textos sagrados tomados de
San Bernardo. Hay algunas repisas y hornacinas conteniendo al niño Jesús, a la
Inmaculada, a
San Juanito y al
Ecce Homo.
En el muro de enfrente nos encontramos con el popular órgano que el poeta romántico
Gustavo Adolfo Bécquer
inmortalizó en una maravillosa leyenda, “Maese Pérez el organista”. Es
uno de los órganos más antiguos de Sevilla. Es obra de transición entre
los siglos XVII y XVIII, que es cuando se decora con pinturas de estilo
chinescas.
Catalogación
- Bien de Interés Cultural, el convento de Santa Inés de Sevilla está
catalogado como monumento, y así consta publicado en BOE del año 1983.
Bibliografía
- El Renacimiento en Andalucía. Jornadas Europeas de Patrimonio 2006. Editado por la Consejería de Cultura de la junta de Andalucía, año 2006.
Fuente: wikipedia
http://www.iaph.es/patrimonio-inmueble-andalucia/resumen.do?id=i13596